27 de enero de 2013
-Halaa: ¡qué rápido escribes ya!
-Sí, me enseñaste tú...
-Vaya, una cosa que te enseño en seis años y siete meses...
-Qué bobada: me has enseñado a tener paciencia, a perdonar... Eso también es aprender.
25 de enero de 2013
Mi astucia.
No. No soy tonta. Me doy cuenta de las cosas y sé perfectamente lo que pasa a mi alrededor. Otra cosa es que demuestre mi astucia. Solo os pongo a prueba para demostar quien me toma por imbécil y quien no.
17 de enero de 2013
Matrix.
Cada día que pasa me demuestro más a mi misma que he tomado la decisión correcta. No hay nada mejor que sentirte bien contigo misma. Estar orgullosa de lo que eres y saber que hiciste lo que realmente querías hacer. Tener la conciencia tranquila.
Y poco a poco me doy más cuenta de que ese mundo imaginario no tiene cabida en mi mundo racional. Nunca me gustó Matrix, ni siquiera los actores. Yo siempre fui más de tener los pies en la tierra.
16 de diciembre de 2012
Carolina...
Esa va a ser mi ruina,
pequeña Carolina,
vete por favor...
Carolina, trátame bien,
no te rías de mi,
no te rías de mi,
no me arranques la piel.
8 de diciembre de 2012
Una vez más.
Muchas veces lo dije: siempre que me siento mal aparece sin aviso haciendo que mis dudas se disipen. Tiene ese sexto sentido o esa gran virtud. No sé muy bien cómo definirlo. El caso es que siempre que lo necesito, y sin pedírselo, está ahí.
Esta vez lo hizo en forma de canción del siglo XIV, traduciéndo partes escogidas por él.
"Dulce dama adorable, por Dios os pido que no penséis que nadie más que tú reina en mi corazón".
"Siempre y sin haberos traicionado, os he servido humildemente y sin tener pensamientos sucios".
"Ay. Me quedo suplicando esperanza y alivio. Pues mi felicidad se termina sin vuestra compasión".
"Tu dulce habilidad domina mi corazón tan ferozmente. Atormentándolo y atándolo con este amor insoportable".
https://www.youtube.com/watch?v=8Z8rt3hHUEY
Gracias por esa virtud.
21 de noviembre de 2012
Dudar como sinónimo de amar y tener miedo.
11 de noviembre de 2012
Lo que también saben los que saben.
Ya saben. Los que tienen perros
lo saben. Noches en vela, sobresaltos, meadillas por aquí y por allá, si no
tuviera perro esto no pasaría, tus diarreas por todas partes, cabroncete, y yo
partiéndome el lomo para comprarte comida y llegar a fin de mes.
A cambio, lo que también saben los que saben: el misterio leal
de sus ojos, su presencia callada a los pies de la cama, su fuerza tranquila,
el trueno del vozarrón perruno, su pataza torpe apoyada en tu brazo pidiendo
una caricia, su trufa húmeda y fría, sus miradas de consuelo. De adoración. Si
alguien mira a Dios, piensas, sin duda debe de mirarlo así. También colmillos,
por supuesto.
Artículo completo: http://acaninariadoburgo.wordpress.com/2009/08/25/articulos/
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