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4 de mayo de 2013

Mis 109 pasos.

Me da miedo pensar que te podrías ir y que me dejarías aquí, sola. Sin ti. Sin poder volver a dar esos 109 pasos.

Solo me queda rezar.... Y esperar.

7 de marzo de 2013

Odio ese escalofrío. Cuando me viene ese tipo de sensación siempre va acompañado de un fuego que va desde el estómago hasta mi garganta.

27 de febrero de 2013

T.G.A

Siempre me acuerdo de ti. Siempre. Cuando me siento mal, cuando río, cuando veo a cualquier persona mayor. Ahí estás tú, con tu piel blanca y tus ojos pequeños y redondos. Con tu carita llena de lunares y tus manos pequeñas, frías, temblorosas. Con tu risa y tu sonrisa, con ese amor que solo una bisabuela sabe dar.

Nos enseñaste a todo que hay que luchar. Que aunque sea la peor época de los tiempos, siempre hay que seguir adelante, luchar por lo tuyo, y por los tuyos. Nunca te rendiste. Nunca. Excepto hace hoy tres años. Aquél día lluvioso decidiste que estabas demasiado cansada para seguir luchando. Creíste que ya no tenías a nadie más a quien cuidar. Tres generaciones son demasiadas.

Todos los días de la semana paso por delante del último sitio donde te vi en vida. Hoy me ha costado mirar. Pero luego siempre pienso que hasta ese último día presumiste de mi. Siempre me quedará aquél recuerdo, aquél beso, aquél "hasta luego hija, ve con Dios".

Prometo no olvidarte nunca. Tu prometeme que me cuidarás siempre, como hiciste durante esos 19 años.

Te echo muchísimo de menos. Ojalá, ojalá pudiera vovlerte a ver. Te quiero, Bisa, te quiero.


"Yo soy la resurrección y la vida. El que ejerce fe en mí aunque miera, llegará a vivir".
27.2.2010-27.2.2013.
T.G.A



De aquí a la eternidad...

2 de febrero de 2013

Juan Pablo del Alma mía.


"Me cogió por la cintura y me llevó a la cama. <<En verdad eres el alma mía, Inés>>, suspiró besándome. [...] Confesó que me había echado de menos, que cada vez le costaba más alejarse de mi, aunque fuese solo por unos días, que cuando estábamos separados tenía malos sueños, premoniciones, miedo de no volver a verme."

Inés del Alma mía- Isabel Allende.

16 de diciembre de 2012

Carolina...


Esa va a ser mi ruina,
pequeña Carolina,
vete por favor...
Carolina, trátame bien, 
no te rías de mi,
no me arranques la piel

 

21 de noviembre de 2012

19 de junio de 2012

Y sí, ahí estaba él.

Y de pronto sucede que te das cuenta de lo mucho que te quiere. De repente te sientes sola, temerosa, no sabes cómo actuar y miras a tu alrededor buscando una salida y ahí está ÉL: pendiente de ti, girando su cabeza con ese casco rojo observándote y preocupándose de ti. Y es entonces cuando piensas: ¿en serio lleva todo el rato mirando para ver cómo estoy? y sí, lo estaba haciendo. 
Temía por ti, se preocupaba por ti. Te cuidaba desde lejos y te hacía sentir segura. Y es extraño, pero aunque no pude ver bien sus ojos me transmitió tranquilidad. Era como una mirada que irradiaba ondas luminosas de calma por aquella pista oscura. Ese giro de cabeza de apenas 15 segundos fue para mi como un: "tranquila, sé que estás ahí, voy a ayudarte. No tengas miedo".
Y cuando conseguimos salir de allí me encontré con toda una tarde llena de abrazos y caricias. De besos de esos que sientes en el estómago. Llena de verdaderos "te quiero", de "tenía miedo por tí, no estaba disfrutando". De: "ha servido para darme cuenta de lo mucho que te quiero".
No sé cómo lo haces, pero tienes la capacidad de hacer que cualquier momento, hasta del más temible y agobiante, sea el mejor instante.


De aquí a la eternidad.

14 de octubre de 2011

Miedos...

"Hay miedos con los que uno aprende a ir conviviendo.
 Hay miedos hechos de inseguridades.
Miedo a quedarnos atrás...
Miedo a no ser lo que soñamos...
A no dar la talla..

Miedo a que nadie entienda lo que queremos ser...

Hay miedos que nos va dejando la conciencia: 
el miedo a ser culpables de lo que les pasa a los demás...

Y también el miedo a lo que no queremos sentir, a lo que no queremos mirar, a lo desconocido...

Como el miedo a la muerte, a que alguien a quien queremos desaparezca."

3 de agosto de 2011

Grandes miedos

Es curioso el miedo que nos entra cuando nos vamos a separar de alguien querido durante un tiempo. Te empiezas a preguntar si te echará de menos, si se acordará de ti a cada instante, si esperará con el móvil en la mano por si le llamas. Piensas que saldrá por ahí con los amigos y te lo imaginas riendo y pasándolo bien mientras tu miras a la nada.
Luego recreas el reencuentro: ¿me verá más gorda, más fea? ¿Le habré dejado de gustar en este tiempo? ¿Estará deseando besarme y abrazarme? ¿Qué pensará mientras me acerco a él? ¿Habrá cambiado algo en estos días...?

Miles de preguntas, que si lo piensas bien, no tienen consistencia. Te has ido una semana, a lo mucho diez días. En diez días no se puede olvidar un sentimiento... o eso quiero creer. En diez días no se olvidan cinco años, ni todos los besos, los te quiero, las risas... No se olvidan, no.
Además de todas esas preguntas te sientes culpable: eres tú quien se fue y claro, ¿porqué no decidiste quedarte? Pero te consuelas pensado que también es bueno echar de menos a esa persona. Alejarte un poco y luego pegarle un gran achuchón.

Siempre me acordaré de nuestras despedidas de verano, de tus quiero suaves y dulces, de tus besos tiernos y calientes, de tus lágrimas de felicidad y tristeza. De cómo lloramos el año pasado cuando entraba por el detector de metales de Atocha. De los mensajes y de tu llamada llena de ese sentimiento tan raro que se produce cuando pasas días y días al lado de tu amor, 24 horas al día. Día y noche. Y de repente entras en un sentimiento de soledad, de creer escuchar su sonrisa, girar la cabeza y ver que no está.
Y cuando digo que siempre los recordaré es porque siempre te recordaré. Porque siempre te pienso.

Pero lo más curioso de todo esto es que piensas: ¿Le sucederá a él lo mismo? ¿Se pasará las noches cavilando si pienso en él? ¿Qué le pasa por la cabeza cuando está solo, en su más absoluta y estruendosa soledad? Y: ¿porqué no lo iba a hacer, si él te quiere también?

Grandes miedos que tiene sentido para los que sienten el amor.

30 de julio de 2011

...

Pasa todo tan jodidamente deprisa que al final no sabes ni lo que dijiste ni lo que no. No sabes ni si escuchaste bien o no. Pero en ese momento da igual: solo quieres soltarlo todo, decir tu verdad. 
Hablas sin sentido, no escuchas, gritas... y luego viene el arrepentimiento. Te pone el puto enano verde un sello en la cabeza que dice: culpable.
Y ya no sabes si lloras de rabia, de dolor, de miedo, de culpa o de todas las cosas a la vez.
Y ahora el puto dilema: llamar no llamar. Aún sigues odiando por dentro, pero cada vez te sientes peor y solo quieres solucionarlo todo.
Putos sentimientos, ¿porqué no vendremos con instrucciones, joder?
Puta imbecilidad...